La Paradoja de Black Mirror

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Tras  dos temporadas con notable éxito, el gigante Netflix vuelve a traernos una de las series más atípicas y cercanas de la televisión: Black Mirror. Por supuesto sus primeras temporadas crearon multitud de opiniones (¿qué sería la vida sin ellas?) y no a todo el mundo acabó gustándole pero, para un servidor, cada episodio tenía alma propia. Cada uno contaba una historia totalmente diferente con un objetivo común: el de hacernos pensar.

Situados en un futuro próximo totalmente creíble, sus tramas nos llevaban desde lo cotidiano hasta situaciones que podrían darse perfectamente si dispusiéramos de  la tecnología adecuada. Algo se revolvía en tu interior cuando llegabas a los minutos finales del capítulo y se destapaba el pastel. Y es que Black Mirror sabe mostrar como nadie los límites del ser humano, para bien o para mal.

En febrero del 2013, la serie llegaba a su fin con la segunda temporada y en diciembre del año siguiente nos obsequiaron con un capítulo especial de navidad. Y ahí quedó todo. O eso pensábamos hasta que Netflix se hizo con los derechos de la serie y anunció a bombo y platillo una tercera temporada. Algunos se frotaron las manos, otros se las llevaron a la cabeza. ¿Netflix sería capaz de traernos de nuevo esta gran serie sin que perdiera su esencia original? Bueno, solo era cuestión de tiempo descubrirlo. El 21 de octubre del 2016 se estrena por fin y, con todos los capítulos disponibles desde un primer momento, los devoradores de series no tardaron en hacer saber sus opiniones. Para variar, la controversia estaba servida.

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Como no podía ser de otra manera, esta nueva temporada sigue la estela marcada por las dos anteriores. Capaces de ponernos mal cuerpo sin necesidad de mostrarnos una gota de sangre (que la hay). De hacer que pensemos en cuando llegará el momento en que vivamos algo similar. Se nota que su guionista (Charlie Brooker) sigue teniendo grandes ideas a la hora de plasmar en sus historias el daño que puede llegar a hacer la tecnología en nuestras manos. Desde la obsesión que tenemos por gustar a los demás llevada al extremo, un videojuego de realidad aumentada que se va de las manos, hasta el chantaje que sufre un adolescente tras haber sido grabado mientras se masturbaba en su habitación.

Te guste o no, Black Mirror no deja indiferente a nadie, o la amas o la odias.  Bajo mi humilde opinión, es una serie a tener muy en cuenta.

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