Realidad 7.0 (Parte I)

30 minutos para escoger champú…

Champú y acondicionador “Silverstar”. Era la primera vez que lo veía en las estanterías de cosméticos, pero prometía un cabello brillante y sano. Solo quedaba uno, así que debía de ser bueno. Lo echó al carro y se dio por satisfecho. Había tardado treinta minutos en elegir el champú y otros diez el dentífrico. Y cada vez que iba a supermercado pasaba por lo mismo. Tampoco es que le importara, no tenía ninguna prisa. Nadie le esperaba en casa y no había ningún trabajo al que tuviera que acudir.

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Carne a la brasa (Y una muerte inesperada)

¿Suplicarás por tu vida?

Aunque sonase increíble, ser asesino a sueldo, podía resultar aburrido. Para Daga –su alias profesional, su nombre real no sonaba tan peligroso–, sentarse a esperar a su víctima no era en absoluto estimulante. Se cruzó de brazos y aprovechó para acariciar la empuñadura de la Walther nueve milímetros que llevaba bajo la chaqueta. Sentir el tacto frío en la punta de los dedos le reconfortaba.

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La misteriosa historia de Brad “El As”

¿A quién se encuentra uno en un cruce de caminos?

Permitidme que os cuente la historia de Brad “el As”. Un chico al que conocí hace unos cuantos años, y del que casi nadie sabía casi nada. Conocerle me cambió la vida. Ahora, al borde de la muerte, y en la cama del hospital, me gustaría contársela a quien me quiera escuchar.

Hace cinco años más o menos, conducía un camión de varias toneladas. Cualquiera que haya sido transportista se hace una idea de la de horas que pasa uno en la carretera. En mis idas y venidas, descubrí un club llamado “Dante”. Era un tugurio en medio de la nada, pero la comida era buena y el precio aceptable. Me pillaba de paso cuando regresaba del reparto, además el “Dante” disponía de un pequeño escenario donde se celebraban conciertos cada viernes por la noche. Me gustaba la cerveza que tenían y la música en directo, así que me convertí en un habitual.

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El hombre que vive en mi armario

puerta entreabierta
¿Qué intenciones tendrá el hombre que vive en mi armario?

El hombre que vive en mi armario dijo que me llevaría con él la próxima vez que viniera a visitarme. Dijo que en su mundo no existen el hambre o la guerra. Me llevará de su mano a través del portal y abandonaré mi mundo para siempre. Lo único que pide a cambio es mi existencia, un precio que pagaré con gusto en pos de la felicidad. Allí donde me lleve sé que podré tener una vida. Nada puede ser peor que la que dejo atrás.

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La sombra prófuga

¿Sigues teniendo la sombra pegada a los talones?

Al despertar descubro que he perdido mi sombra. Siento una soledad tan profunda que ni siquiera me doy cuenta de que estoy llorando. Siempre di por hecho que estaría a mi lado como un compañero fiel. Pero se ha marchado sin ni siquiera despedirse.

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La felicidad como triunfo

Felicidad: 

Estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea o por disfrutar de algo bueno.

felicidad
¿Es un estado mental o una decisión?

Hace unos días, me encontré con un antiguo compañero al que hacía diez años, si no más, que no veía. Se presentó en mi lugar de trabajo vistiendo sus mejores galas y actuando como si nos hubiésemos visto ayer mismo. Una situación un poco violenta al principio, pero sabes que una conversación de lo más banal está a punto de suceder. Un cómo te va la vida suele ser la mejor manera de romper el hielo. Yo digo que bien, que no puedo quejarme. Trabajo en algo que me gusta, vivo con la mujer más maravillosa del mundo y sigo escribiendo a pesar de no ganarme la vida con ello. ¿Me gustaría tener un trabajo en el que cobrara más? Sí, por supuesto. Pero tampoco he de contarlo todo en la primera cita.

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Eterna Juventud

viejo
¿Cuándo nos convertimos en “personas mayores”?

Una  soleada mañana , de camino al trabajo, te cruzas con un par de adolescentes con los ojos clavados en sus móviles. Le prestan tanta atención que a punto están de chocar contra ti. Uno de ellos, el más espabilado, avisa a su colega antes de que lleguéis a impactar y dice: Cuidado, capullo, que te la das contra el señor.

Te quedas con cara de imbécil al escuchar semejante barbaridad. ¿Señor? ¿Se estará refiriendo a ti? Imposible. Cuando quieres soltar una réplica ya es tarde. Se han esfumado y te quedas con un hastío imborrable el resto del día.

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